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Los linfocitos B tienen gran importancia en la respuesta inmunitaria en los mamíferos.
Se clasifican en tres principales subgrupos: linfocitos B1, linfocitos B foliculares y linfocitos B de la zona marginal.


Desde un punto de vista evolucionista en la respuesta secundaria del sistema inmune se puede hablar de una selección “darwiniana” en el sentido de que van disminuyendo los antígenos y aumentando los anticuerpos y van a proliferar las células B capaces de producir anticuerpos más específicos: con mayor “afinidad” por los antígenos.
En la teoría de Frank Macfarlane Burnet se plantea como cada linfocito tiene un receptor de superficie que al unirse al antígeno conduce a su proliferación y establecimiento de una línea clonal.


El origen de la “inmunidad” es en la Era Paleozócia, hace 570 millones de años. Los receptores de los linfocitos B y T aparecen en un ancestro de los peces mandibulados, debido a una transferencia horizontal de genes bacterianos (transposones) o por dos rondas de duplicación de todo el genoma del ancestro común de los vertebrados.
La selección se basa en que los prelinfocitos y los linfocitos inmaduros que no expresan la”selección positiva” se asegura que las células que maduran sean capaces de reconocer antígenos.


Las células B se activan cuando su receptor de célula B (BCR) se une a antígenos solubles o unidos a membrana. El BCR se activa forma microagregados y se producen cascadas de señalización. En su forma inactiva, las células B expresan IgM/IgD, pero tras activarse pueden producir: IgE, IgG o mantener la expresión de IgM. La célula B es capaz de procesar antígeno a conentraciones de 100 a 10.000 veces menores de la requeridas por el macrófago.


En esa “selección Darwiniana” aquellos que tengan mIg de mayor afinidad serán seleccionados para sobrevivir. Los “centrocitos” (células B que se encuentran en las zonas claras de los centros germinales) con receptores (mIg) de baja afinidad tienen que competir con los de mayor afinidad. Están programados para morir al cabo de unos pocos días, a no ser que su mIg interaccione con el antígeno retenido en la superficie de las células dendríticas foliculares.
Cuando el linfocito B ha sido activado comienza a dividirse y su descendencia segrega millones de copias del anticuerpo que reconoce ese antígeno.


La inmunoglobulina de membrana (mIg) del linfocito B cumple dos papeles: como parte del complejo BCR que transmite señales al interior de la célula y como receptor implicado en la endocitosis del Ag nativo para su degradación y procesamiento.


La inmunología es una rama de las ciencias biomédicas que se ocupa del “sistema inmunitario” que es el que da respuesta (“respuesta inmunitaria”) en los vertebrados a elementos ajenos.


Las células B y T son las clases principales de linfocitos y surgen de células madre hematopoyéticas pluripotencial de de la médula ósea. La respuesta inmunitaria de las células B es de tipo inmunitario humoral y las células T en la respuesta inmunitaria mediada por células.
Las células B y T tienen moléculas receptoras que reconocen objetivos específicos.

Las células T reconocen un objetivo no propio como patógeno: hay dos tipos de células T:
a) asesina (linfocito T-CD8)
b) colaboradora (linfocito T-CD4)

Bibliografía:

Claudio-Piedras F, Lanz-Mendoza H.; “Evolución y filogenia de los linfocitos B”. Rev Alerg Méx. 2016 abr-jun;63(2):190-200.
https://revistaalergia.mx/ojs/index.php/ram/article/download/150/272

Turner, Vivian; “Activación de las células B y formación de centros germinales”
Universidad de Edimburgo, British Society for Inmunology

Iañez Pareja, Enrique; “Curso de Inmunología General: La respuesta inmune humoral específica”, Dpto. Microbiología. Universidad de Granada. España
https://www.ugr.es/~eianez/inmuno/cap_12.htm

Roitt, Ivan M; “Inmunologia. Fundamentos” Ed. Médica Panameric ana, 2006, 11 edición